
A la vuelta de mi casa Markus tiene su taller. Es un hábil relojero. Todos los relojes que ensambla reciben un baño de oro como toque final. Sin embargo, no son excepcionales por esto, sino porque sus agujas marchan en sentido contrario pero aún así indican la hora que los relojes comunes marcan. El por qué de su creación sólo Markus lo sabe.
Anette es una prodigiosa artista que la mayoría de las veces está sentada en la plaza. Siempre hay gente esperando a su alrededor para ser retratado Cuando te sientas frente a ella, te mira a los ojos, toma su carboncillo y en cuanto ha terminado te muestra su trabajo. Para tu sorpresa en el papel esta plasmada una imagen de lo que soñaste la noche anterior.
A la par de mi casa Estephan trabaja el vidrio. Su especialidad son los calidoscopios. Con ellos puedes ver la personalidad de cualquier individuo desglosada en las facetas que la conforman, siempre y cuando esa persona se coloque frente a ti en el momento en que miras a través del objeto. Luego, abre el calidoscopio y guarda en un frasquito lo que has visto para regalártelo. Es gracioso ver como diminutos hombrecitos se mueven dentro del recipiente, en lo personal tengo varios frascos.
Al igual que Anette, Harry se desenvuelve en su oficio dentro de la plaza. De todos lo que se colocan ahí él es uno de los fotógrafos más solicitados. Digamos que tiene muy buen ojo. Por lo general, la gente lo busca para tomarse fotografías en grupo y entre más integrantes éste tenga, más interesante resulta la fotografía. Resulta que, la cámara de Harry no capta ni la silueta de las personas que estan más próximas a morir.
Cada día que paso en convivencia con estos singulares vecinos me pregunto si en otras ciudades existirán también otras personas con oficios tan comunes pero a la vez tan exepcionales.
“La existencia es un chispazo de vida que debemos aprovechar”...








